domingo, 7 de octubre de 2012

Y el silencio calla

En la buhardilla, olvidada 
entre vaporosas faldas 
recargadas de volantes, 
castañuelas y peinetas, 
brazaletes tintineantes, 
enlutadas pañoletas, 
viejo calzado flamenco, 
la lacerada guitarra 
dialoga con el silencio: 

"Ya nadie de mí se acuerda 
ni pretende acariciarme 
ni gusta rasgar mis cuerdas 
ni tientos, bulerías y soleares 
de la garganta arrancarme", 
lamenta... y el silencio calla, 
mutis en las sombras hace; 
ocultos en la gaveta, 
de cante jondo repleta, 
los revoltosos roedores 
evitan importunarle, 
y se acallan los rumores 
de la voraz xilófaga 
corroyendo la cómoda, 
el alma de la madera.


© María José Rubiera