miércoles, 9 de noviembre de 2011

Por fin

Amado mío:
Aprendimos a conocernos después de haber recorrido juntos un tramo del camino.
Ahora ya sabes cuándo la apatía o el optimismo me envuelven, si algo me motiva o me es en absoluto indiferente... Sabes cuándo mi alma está serena o contiende en batallas de las cuales rara vez sale triunfante e indemne... Sabes cuándo te extraño o, para qué negarlo, no soporto verte... Sabes cuándo deseo permanecer en silencio, a solas con mi pensamiento... Pero ante todo, aprendiste lo más importante: que la libertad y la independencia son mi credo.
A mi vez, sé cuándo estás triste o alegre... Sé cuánto te molesta mi mal genio, el cual debiera evitar (de ello soy consciente), pero que me es imposible porque no puedo ni quiero contenerme... Sé cuándo hay transparencia y sinceridad en tu mente o si, retorcida, elucubra e imagina lo que no debe... Sé cuándo sientes celos (totalmente infundados, por cierto)... Sé cuándo deseas acariciarme y besarme hasta perder no sólo el aliento sino también la noción del tiempo... Sé cuándo quieres poseerme, porque te delatan tus miradas y tus gestos.
Amor mío, por fin nos conocemos.

© María José Rubiera