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miércoles, 7 de agosto de 2013

Su orilla (epístola en verso)

Mi fabulador de ensueños:

No dejo de preguntarme adónde habrá ido a parar aquel narrador de cuentos del país del azafrán. Tú sabes dónde se encuentra, ¿cierto...? Pero no, no me digas su paradero: prefiero no saberlo. Ahora bien, celebraría que en vez de instalarse en la desidia se hubiera dedicado a ubicar los sentimientos en el lugar adecuado: el amor en el sitio más visible, para tenerlo siempre a mano; acá lo placentero, allá lo aceptable, acullá lo enojoso. En cuanto a lo ominoso... mejor ni mentarlo. Si hubiera lavado a tiempo las legañas que la visión le velaban, si no estuviera tan ciego, hubiera visto que ella amaba su orilla, pero no el panorama que de costumbre divisaba: los silenciosos oteros que recuerdan, en demasía, el vegetar de los muertos, las tortuosas pendientes que de continuo ascendían; sibilinos pretextos, cántaros rompiéndose camino de la fuente, infundados recelos...
Bueno, no más por hoy: estoy agotada, mi amado, tanto que de buen grado dormiría cien años seguidos, al cabo de los cuales se supone habría de despertarme, con un beso, el príncipe de mis sueños. Ni que decir tiene que serías ese príncipe, el mismo que en todos mis versos adquiere protagonismo.

P.D. Huelga decirte lo mucho que te amo: mi alma te lo dice a diario.

© María José Rubiera

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Por fin

Amado mío:
Aprendimos a conocernos después de haber recorrido juntos un tramo del camino.
Ahora ya sabes cuándo la apatía o el optimismo me envuelven, si algo me motiva o me es en absoluto indiferente... Sabes cuándo mi alma está serena o contiende en batallas de las cuales rara vez sale triunfante e indemne... Sabes cuándo te extraño o, para qué negarlo, no soporto verte... Sabes cuándo deseo permanecer en silencio, a solas con mi pensamiento... Pero ante todo, aprendiste lo más importante: que la libertad y la independencia son mi credo.
A mi vez, sé cuándo estás triste o alegre... Sé cuánto te molesta mi mal genio, el cual debiera evitar (de ello soy consciente), pero que me es imposible porque no puedo ni quiero contenerme... Sé cuándo hay transparencia y sinceridad en tu mente o si, retorcida, elucubra e imagina lo que no debe... Sé cuándo sientes celos (totalmente infundados, por cierto)... Sé cuándo deseas acariciarme y besarme hasta perder no sólo el aliento sino también la noción del tiempo... Sé cuándo quieres poseerme, porque te delatan tus miradas y tus gestos.
Amor mío, por fin nos conocemos.

© María José Rubiera