lunes, 13 de junio de 2011

Por doquier...

Húmedos como el rocío,
ingrávidos cual calima:
así me parecen los besos
con que cada día me mimas.

En cada caricia otorgada,
más se me rinde tu alma;
a mi vez, te entrego mi ser
en cada silente palabra.

¿Para qué emplear palabras?,
¿para qué las expresiones
hechas voz..., manifestadas?
No precisamos vocablos:
bastan nuestros corazones
para escucharnos y amarnos.

Por doquier hallamos signos
que por sí solos nos hablan
del amor que nos embarga:
En la brisa matinal,
en el vuelo de las aves
y en la mariposa alada,
en la reciedad del árbol,
en la fontana que mana...

©  María José Rubiera