jueves, 3 de febrero de 2011

¿Por qué no...?

Había construido su vida sin él,
limitándose, simplemente, a vivir.
Perdón: "vivir"..., no;
he equivocado el término.
No debía haber dicho vivir, sino morir;
porque hasta conocerlo, permaneció muriendo.
Habría imaginado su vida sin él;
porque le era ajeno su diario transcurrir,
porque desconocía su existencia,
porque ignoraba que fuese un alma más
pululando por el planeta.
Ahora, él se muestra ante ella
y le pregunta: ¿"Por qué no..."?
Ella no sabe qué responderle;
porque se le turba la voz,
porque se le atraganta la respuesta...

© María José Rubiera