viernes, 28 de octubre de 2016

Argentada...

A despecho de la nube artera
que harto envilecida... bruna
velarle el fulgor quisiera,
soberbia luce la luna
en la infinitud sidérea:
dechado de donosura
hasta la estrella más fatua
idolatra la hermosura
de la noctámbula dama.
Resaltando su belleza,
aureola diamantada
enmarcando la faz regia,
brocado de arena y espuma
–presente de una sirena–
en la túnica nocturna;
en la lechosa garganta
una enigmática runa
que una bruja le tallara,
en la lívida mejilla
un colorete escarlata
–colorante de cochinilla
que ex profeso para ella
un enano laborara–,
máscara de negra arcilla
engruesando las pestañas...
Lástima que declinada la albada
me sea imposible seguir su tránsito,
lástima que a su amado astro
le sea imposible besarla.
 
© María José Rubiera