jueves, 16 de junio de 2016

Me dueles, amada Asturias

Fiel a mi promesa, Asturias,
de ensalzarte hasta quebrárseme el fanal
en el que mi luz fulgura,
una vez más me dispongo
a componer unos versos
en loor de tu hermosura.
Tan bella eres, patria mía,
representa tal honor
haber nacido en tu mágico seno,
decirse astur por los cuatro costados...
Incluso las ruidosas golondrinas,
que en el añoso hórreo anidan,
bautizan a su polluelos
con el nombre "asturianos".
Todo cuanto en ti reside
es maravilla única:
las árgomas pintorescas
monopolizando las agrestes sebes,
las vistosas florecillas
que sobre tu yerba duermen,
esas violetas silvestres
–brillosas cual amatistas–,
los primaverales lirios
que crecen en tus marismas
–instigadores de idilios–;
el orbayu pertinaz,
que ni en pleno verano
alejarse de ti quiere:
tan enamorado lo tienes...
Se nos precipitan los meses,
de nuevo el ardor del estío
se anuncia a bombo y platillo,
principiará la folixa veraniega
y la alegría rendirá a la pena;
por lo mismo se supone
debería estar alegre.
Mas ya nada puede alegrarme, Madre,
porque en el alma me dueles:
me duelen tus alagados valles,
me duelen tus bosques calcinados,
me duele seas presa de "trepas"... de infames,
me duele el silencio hostil
que transitando tus calles
a voz en grito justicia demanda,
me duele la gente humilde
que en tu tierra, dadora de riqueza,
a duras penas sobrevive;
me duelen las nuevas generaciones,
abocadas a hundirse en la miseria...
Pero mejor no continúo escribiendo,
mis palabras han tomado
imprevistos derroteros
y no está en mi pensamiento entristecerte,
sino ensalzar tus cualidades, Madre.
© María José Rubiera