jueves, 21 de abril de 2016

Hubo un tiempo...

Hubo una época en la cual
embadurnabas de añil
las hojas del calendario...
de resultas que primavera ideal
las cuatro estaciones del año,
en nuestro cómputo anual
no constaban otros meses
que el marzo soliviantado,
el depurador abril,
el mayo concupiscente,
el junio recolector;
y del mismo modo que el rocío
se vierte sobre la flor
del perfumado alhelí,
y no violenta su albor
ni mancilla su misterio,
así tus besos en sazón
calaban mi ministerio...
El brebaje del amor
humectaba nuestra abadía,
el uno en brazos del otro... en silencio
veíamos adelantarse el tiempo,
y tan rápido corría
que pasaba por alto detenerse en el verano,
en el otoño... en el invierno;
y el tiempo se detenía
en los linderos de abril,
y temeroso del tiempo
exclamaba el colibrí:
"¡A saber qué hará conmigo!"
 
Hubo un tiempo idílico... azulado,
en el cual me asegurabas
que el invierno sólo existe
para el ser que nunca amó
y jamás ha sido amado...

© María José Rubiera