lunes, 30 de noviembre de 2015

Memorándum

Aplacada la convulsión de las olas,
ancladas en el silencio
las algas y posidonias
–como en la noche de los tiempos–,
yerta en la arena la espuma,
la ecolalia de las caracolas
asorda al mar y a la luna:
"Corría la era de Maricastaña
cuando el docto demiurgo
anotó en la espiral de las ostras
–un memorándum de nácar–
el natalicio y el óbito del mundo",
repiten una y otra vez, machaconas.
Varado en mitad de la playa
el flemático cangrejo,
experto en flujos y reflujos,
viendo imposible el retroceso
pasible la pleamar aguarda.
"El natalicio y el óbito del mundo...",
salmodian los berberechos;
en frecuencia modulada
por el global varadero
la salmodia se propaga,
y vigente continúa el salmo.
La vida, empero, se sigue escribiendo;
pero, ¿hasta cuándo...?

© María José Rubiera