martes, 15 de septiembre de 2015

Otoño

 
Con sus polainas cobrizas
y desnudo de bochorno,
en la talega semillas
de niebla y de llovizna,
se asienta el dorado otoño
en la eterna Aldea Perdida...
eterna: así la soñó el literato,
así la sueñan mis ojos
al avistarla desde el altozano;
así las migratorias ánades
que anidan en los pantanos
de Rioseco y de Tanes,
así las truchas plateadas
que frecuentan el río Alba.
 
El otoño arribó a mi tierra...
 
Aunque, mucho más que otoño,
para ti y para mí... para ambos
y para el amor que se despereza
de un letargo de cien años,
será ambarina primavera.
Lo será para las hojas
que del árbol se desprenden
y, si bien efímera la dicha,
gozándose en su albedrío
pretenden alcanzar el cielo,
para la xana hechicera
que a poco que te descuides
te hipnotiza para siempre,
para el anodino poeta
que aspirando a ser célebre
se afana en pulir sus versos
y hasta las pestañas quema...
 
Automne... autunno... autumn... otoño:
qué importa cómo te digan,
lo que en verdad interesa
es que, a semejanza del oro,
eres precioso... en esencia.
 
© María José Rubiera