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viernes, 31 de julio de 2015

Malvasía

 
Amanece...
Altea rosea la aurora
–bouquet para el amanuense,
estro para el artista–,
en la estancia malvarrosa,
luminaria ambarina,
besos con sabor a moras...
 
Atardece...
Entre la fronda marina
el ardentísimo se pierde,
sobre la verja bruñida
caminan, despaciosamente,
el póstumo madrigal del día,
un crisantemo y un réquiem.
 
Anochece...
Chispas en las pupilas
–candilejas fluorescentes–,
promisiones en la alcoba,
voluntades que se achican,
el paraíso en la boca,
en los labios... malvasía.
 
© María José Rubiera