jueves, 9 de abril de 2015

Aurum


Porque cuanto emprendía
no llegaba a concretarse,
porque a menudo se preguntaba
en qué zulo se hallarían
sus proyectos, sus ideales...
El desencantado oribe
apetecía ser alquimista
y adepto de la Gaya ciencia
sublimar un elixir
que de ventura colmara
su dificultosa vida,
mas el temor al peligro
era más fuerte que el ansia
de violentar lo impreciso.
De esta guisa, pasó un año
y otro más y otro de seguido...
sintiéndose vacío por dentro,
sin que osara horadar
el confuso y angosto útero
en que se hallaba encogido,
sin cejar en preguntarse
el porqué de su existencia,
sin salir al exterior...
sin renovar el oxígeno.
Pero aconteció que cierta tarde,
en los albores del crepúsculo,
cuando las ojeras de la Insomne
comenzaban a revelarse,
en ese fugaz instante
de perfecto maridaje
entre el astro y el horizonte,
entreabierto el áureo velo,
se le desveló el porqué
de sus abortados sueños.

© María José Rubiera