jueves, 4 de diciembre de 2014

Capuchina

 
Se nos echa encima el invierno,
desnudos veremos los árboles
y lodosos los senderos,
ajado estará el jardín,
mohíno el invernadero
por deshojarse las rosas
que con esmero plantaste
al finalizar abril.
Recuerdo que comentaste:
“Serán blancas, y preciosas;
tendrán albor de azucena
y el candor que me entregaste.”
 
Mas como bien sabes, querido,
en absoluto fue así:
La una se nos vistió de amarillo,
la otra de un rojo-cereza
que nunca en la vida vi,
y el perfume que exhalaba
el olfato trastornaba;
pero ¡ay! nos salió locuela,
tan locuela que hasta los insectos
eludían relacionarse con ella,
tanto que se pavoneaba
exótica capuchina...
y decíase lila al caer la noche,
roja al despuntar el día.
 
Y es que desde siempre
nos hablaron las rosas
y los pájaros
y las mariposas...
La Naturaleza entera nos habla,
nos comenta tantas cosas...
 
© María José Rubiera