martes, 13 de mayo de 2014

Y ya ves...

 
Se adormeció el Reluciente,
escapularios de esparto
son sus yermos fucilazos.
La sombra se arregla el velo
y se embadurna de afeites:
banderolas de silencio
caen a modo de cascada
sobre la charca del cielo.
 
Y yo, vigil como nunca,
sueño con seminar besos
en tu mentón,
en tu boca,
en tu frente…
Y ya ves… no serán besos pitañosos
ni filiales ni inocentes,
sino aseados, abundantes,
descarados, picardiosos,
azogados, petulantes,
engreídos, jactanciosos…
Serán de esposa… y amante.
 
Serán opulentos y sigilosos,
de especias espolvoreados,
con olor a cinamomo.
Y ya ves… te besaré
hasta que la claridad,
libre de desasosiego,
de máculas expurgada,
se oponga a la oscuridad.
 
© María José Rubiera