lunes, 5 de mayo de 2014

Panegírico


Querido depositario de fatigas cotidianas:

Nada azaroso que detallar en tus páginas.
Al igual que en jornadas precedentes a la que nos ocupa, laxo, sin incidencias inquietantes me ha fluido el día, lo cual me sorprende ya que resulta ajeno a lo compilado por la memoria a lo largo de mi existencia. ¿Será que el Destino –miembro honorífico de la Gran Timba Universal– ha considerado tomarse un periodo de asueto, o por el contrario se está empleando a fondo en urdir jugadas maestras con que sorprenderme? Me inclino a pensar que más bien se debe a lo último. Si al menos me fuera dado saber con antelación cuándo y cómo, en detrimento de mis intereses materiales y anímicos, trama valerse de los ases que oculta en la manga… Pero imposible me es vaticinarlo.
Absurdo es asimismo pretender sustraerse a la multiplicidad de formas con que actúa, y socava el espíritu. Nadie hay tan camaleónico. A capricho se torna esmeraldino de ilusoria esperanza; escarlata como llamarada de dragón, endrino-soez cual pensamiento reprobable… Y así hasta lo inimaginable e inmensurable. Nadie análogamente facultado en garabatear guiones dramáticos, con sus ineludibles nudos y desenlaces –de costumbre insufribles–, y dirigirlos a su antojo.
Concluyendo: En base a los antecedentes que obran en su curriculum vitae, conveniente me será comenzar a fortificarme y estudiar el modo de afrontar con arrestos los envites que me tenga preparados.

Hasta aquí mis confidencias, mi preciado amigo. Mañana será un nuevo día en que fiarte mis luces y mis sombras. Gracias, por ser testigo silencioso de mi intimidad.

D. D. Por cierto: se me pasó por alto anotar que de verme forzada a redactar el panegírico del Destino, no sería precisamente elogioso sino más bien denostador.


© María José Rubiera