martes, 8 de abril de 2014

Sarao


A falta de tintes primarios
–amarillos, rojos, azules–,
tules decolorados
y farolillos de opereta
acicalando el tablao.
Instrumentos de percusión:
panderos, címbalos, sistros…
amenizando el sarao.
Luce la concurrencia,
experta en afectación,
sombreros de ala ancha
calados hasta las cejas
–camuflaje ideal para mentes estrechas–,
botines acharolados,
ropajes de asiática seda…
 
En las repintadas pestañas
de damas y caballeros de pega,
jovenzuelos pintureros,
damiselas cascabeleras:
“Vine, vi y vencí.”
Palabras propias de un césar,
indefinido de época obsoleta.
En un ángulo de la pista
una moza de sangre plebeya
–la más fea del baile–
y una agenda en blanco
aguardan propuestas.
 
“Yo… bailaría con ella, pero…¡ ufff !
Seguro que si es más fea no nace”,
dice un “dandi” a otro “dandi”, y a continuación añade:
“¿Lo echamos a suertes? Elijo cara… ¿y tú?
 
“En verdad no me dejas opción… Cruz.
 
Surca el aire la moneda, y…
 
¿Con quién bailará la más fea?
 
© María José Rubiera