miércoles, 2 de abril de 2014

Como una rosa en el vino


Distánciate de serrallos
que no resguardan del frío
y aproxímate a mí,
amor mío.
 
Despójate de los sayos
que no hacen sino ceñir
la piel, el hálito, el alma…
y profundiza en mi río:
nada sabe de adulterio,
de corpiños encendidos
deslizándose hacia el suelo,
ni a tanguillo pasional
suena su probo cantar.
 
Mírate
en mi espejado remanso,
disuélvete… 
como una rosa en el vino,
en el musgo de mis aguas,
y sabrás por qué la reina sideral
al cielo inviste de ámbar,
cómo grafía las perlas
en lo profundo del mar.
 
© María José Rubiera