lunes, 14 de abril de 2014

Veleidad

No me atosigues,
no me preguntes
si hoy te amaré menos que mañana,
no pretendas que me pronuncie
acerca de lo que deseas escuchar.
 
Cómo, sin desvirtuar la respuesta,
podría afirmar: “Te amaré más… Sí”.
Cómo redundar el afirmativo
si en el decurso de un pestañeo
todo cobra carácter tornadizo,
si nada se muestra igual
 segundos después
de expresar otra cualidad.
 
Sírvanos como ejemplo
el firmamento y los océanos:
ni un solo día transcurre
sin que deriven tornátiles,
siendo esa misma versatilidad
la que los hace originales.
Veleidosa es la sima de ébano:
ora se cubre de turbiedad,
ora propicia que los luceros
que en vigilia permanecen,
engasten topacios y granates
en los cantiles terrestres.
 
Imposible me es augurar
si te amaré más, o menos
de lo que pretendes,
lo que sí puedo vaticinar
es que te amaré siempre.
Asegurar que la única veleidad
que me asiste es ser diferente…
especial.
 

© María José Rubiera