jueves, 6 de febrero de 2014

Hidra


Que el mutismo no establezca

una línea divisoria

entre mi oído y tu boca.

No silencies la palabra

si de amarme te cansaras,

dímelo sin demora,

mejor hoy que mañana;

cuanto antes visite el infierno,

primero querré ver el cielo.

 
Cuando te arrojan al pozo,

ligero se aprende a flotar,

a hollar superficie firme,

sortear cristales rotos,

guarecerse de aguaceros,

petrificar emociones,

embalsamar sentimientos…

 
El amor es panacea falible:

tiene fecha de caducidad.

La oscuridad no es celeste,

es serpiente submarina,

hidra de siete cabezas

que se trasciende terrestre.


© María José Rubiera