lunes, 18 de noviembre de 2013

Señuelo

No entiendo por qué,
como ayer,
como antaño,
como siempre,
a tu coto privado
me sigue atrayendo
el señuelo de tus ojos negros;
por qué,
cual desvalido venado,
o zorzal imprudente,
a ser prendida en tu cepo
me presto.
 
Y menos aún entiendo
por qué me sigue azorando
el rasoliso de tus dedos
catequizando mis labios;
por qué
la tarlatana de tus manos,
ovillándose en mi pelo,
me sigue turbando.
Por qué me sigue aturdiendo
tu silueta,
tu estampa:
tu cuerpo.


© María José Rubiera