viernes, 27 de septiembre de 2013

En el azur...

Entre las flores de loto,
guardaba el emperador
sus rayos de jaspe rojo...
luego, buscando acomodo
en el azur de los cielos,
optó por rendirse al sueño.
Poco a poco, lentamente,
fue vomitando luceros
el entramado celeste.
 
En lo alto de la colina,
el astrónomo aguardaba
la aparición de su estrella:
la amaba, la deseaba,
soñaba que era doncella,
que en sus brazos se rendía
y, dramatizando
su encuentro con ella,
en el colmo de su locura
la poseía.
 
Rayando la madrugada,
las estepas siderales
se cubrieron de diamantes.
Entre tamaño esplendor,
seductora como nunca
ella, la inasible...
refulgiendo más que un sol.
Él, hincado de rodillas,
henchido aún de pasión,
de histriónico arrebato,
ni tan siquiera la vio.


© María José Rubiera