sábado, 13 de julio de 2013

Filibustero

La corriente movediza,
el mistral y la galerna
lo encallaron en la peña
de sílice y siderita.
En su torso al descubierto
una calavera tatuada,
en su voz la melopeya
propia de los piratas:
desuetas trovas de gesta
y batallas trasnochadas.
 
Supo que era bucanero,
filibustero, corsario...
en busca de un varadero
donde carenar su barco.
Supo que era embustero,
que cual filo de guadaña
mellada por el guijarro,
ruinosa tenía el alma
de tanto jurar en falso.
 
Supo...
que devastaría su isla.


© María José Rubiera