miércoles, 20 de febrero de 2013

Marcesible

No escatimemos esfuerzos
en amarnos...
No echemos en saco roto
que el amor es marcesible,
que todo es finito..., todo,
que la llama del fósforo
se escalofría y sucumbe
ante el más endeble soplo,
por mucho que previamente
haya restallado el mixto,
por más que en un santiamén
relumbre.
 
Amémonos, cariño,
cuanto podamos...,
de besos y abrazos
hagamos intercambio.
En un momento dado,
como siempre,
iremos a acostarnos;
en la mañana siguiente,
al levantarnos,
descubriremos, aterrados,
que el ardor perdió la voz,
y el amor... enmudeció.


© María José Rubiera