martes, 2 de octubre de 2012

Quedos

Silentes, quedos deben ser los besos... 

Silentes 
como rigor del invierno 
que incluso al viento enmudece 
con mordaza de silencio 
y la humedad envilece 
forzándola a crujir huesos. 
Y no hay mácula en la nieve 
que ensucie el albo misterio 
ni indicio de huellas recientes 
ni sonido alguno mece 
la cuna de los ensueños, 
y el desvelo permanente 
hace del insomnio infierno. 

Quedos 
como manantial que emerge 
en la cresta de una cumbre 
y simulando ser sierpe 
repta bajo la techumbre 
que los helechos le ofrecen 
y sin titubeo discurre 
por ondulante pendiente 
hasta ver si se le ocurre 
perseverancia sedente, 
dejar de ser agua que huye 
y permanecer por siempre 
acomodado en pétrea ubre, 
fluyendo con mansedumbre.

© María José Rubiera