viernes, 19 de octubre de 2012

El pozo de los deseos

Cuando la penumbra afila las garras 
embozada y con artero denuedo 
la luz del día desgarra, 
cierro los ojos y pienso 
de qué están hechos los sueños, 
si la materia con que se generan 
es la misma que concibe 
al esporádico copo de nieve 
que en cuanto acaricia el suelo 
a desintegrarse tiende. 

Pienso si serán perdedores natos 
y rara vez consiguen realizarse 
por someterse a ventosos zarandeos 
que sin piedad los avientan 
al quimérico pozo de los deseos 
y lejos de acusar el impacto, 
pecando de narcisismo, 
hollando el cerril terreno 
que conduce a lo ficticio, 
persisten en su condición de sueños.


© María José Rubiera