lunes, 2 de julio de 2012

In crescendo

"Te llevaré a un lugar donde los astros 
figuran estar a un palmo de la mano", 
dijo él, y ella asintió con la cabeza. 
Y haciendo alarde de exquisita oratoria 
continuó desgranando palabras 
en tanto que la joven observaba, 
en la penumbra amparada, 
las desaforadas pasiones 
signadas en las pupilas grisáceas, 
la irreductible voluntad masculina 
en la línea de los labios bordada. 
Y sintió excitación, atracción, deseo, 
inquietud, vértigo..., miedo 
–miedo que iba en crescendo 
a medida que se adentraban 
en el paraje inédito–, 
y comenzó a temblar 
como una azogada 
y las sienes le estallaban, 
y se reprendió a sí misma 
diciéndose loca temeraria. 

Y perseveró la noche 
y no reverberó el alba, 
y el céfiro canturreó una salmodia: 
funesto agüero anunciaba.

© María José Rubiera