sábado, 7 de julio de 2012

Cálido verano

Sin cota de malla
ni armadura ni yelmo,
sin riendas, a horcajadas
la vida cabalga
en los ijares del tiempo,
si bien las más de las veces
en lugar de trotar galopa:
la montura de la vida
no es un manso palafrén
sino un brioso alazán,
un indómito corcel
que a menudo se desboca.
¿Pero qué puede importarme
si a lomos del tiempo la vida trota,
galopa, o si cual demente suicida
su cabalgadura se desboca
y por un barranco se precipita
o por un despeñadero se arroja?
Continuaré amándote
aun cuando tu pelo se vuelva cano
y las ojeras tus ojos enmarquen,
aun cuando tus labios ajados
carezcan de savia con que ofrendarme
y el temblor de tus manos
te impida acariciarme.
Para mí, mi amado,
aun cuando en tu orilla el invierno
se recrudezca y en tu esencia se instale,
siempre serás cálido verano.
 
© María José Rubiera