domingo, 20 de mayo de 2012

Nómada (soneto)

El silente silencio era testigo 
de que mi mente nómada vagaba 
y las dunas oníricas trillaba 
con la intención de toparse contigo. 

El inicuo viento abatía el trigo, 
las áureas espigas deslavazaba 
y a merced de la lluvia las dejaba 
en tanto que yo soñaba contigo. 

La alborada a hilvanarse comenzaba, 
el éter de índigo se iba vistiendo, 
yo sumida en el sueño continuaba. 

El tenaz ensueño aún me frecuentaba, 
mas no era yo la que estaba durmiendo: 
dormía mi alma, y contigo soñaba.


© María José Rubiera