lunes, 23 de abril de 2012

Felicidad...

Quebradiza, endeble es la dorada hebra
con que se traman los sueños,
volátil..., como la felicidad.

Nunca se me olvidará
que en cierta ocasión pregunté
a un filósofo, entrado en años,
por qué la felicidad
tiende a la fuga, a extraviarse
con pasmosa facilidad.
El sabio guardó silencio,
meditando la pregunta
y la posible respuesta
–me miraba con fijeza
y sus ojos denotaban
un conato de sarcasmo–,
pasados unos minutos,
exclamó con voz pausada:

"¡Felicidad... Ô là, là!
¿La has perdido, jovencita,
a qué esperas, pues, para ir en su busca?
Averigua dónde se esconde,
atrápala sin pérdida de tiempo
y una vez en tu poder
átala y jamás la sueltes.
Pero antes de embarcarte
en tan ardua aventura
has de hacerme una promesa:
fíame su paradero
si es que lograras hallarla,
pues también se me ha perdido
y quiero recuperarla."

© María José Rubiera