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viernes, 20 de abril de 2012

Discúlpame

Discúlpame, por favor,
perdóname por apenas
reparar en tu presencia,
por no prestarte atención,
por perderme con frecuencia
en el intrincado mundo
de sinéresis, sinalefas
y demás exigencias de la métrica.
Por ser adicta a los vocablos
y dedicarles mi tiempo,
por no dejar de plasmarlos
en anodinos cuadernos
y de forma persistente
pretender hacerlos versos.

Por obviar que quieres ser
principal protagonista,
nunca el actor secundario.
Que las palabras son sólo palabras
y que a fuerza de pensarlas
me rehúyen, se me escapan
y se me vuelven ajenas, extrañas,
como si no derivaran
de lenguaje conocido
sino que se originaran
en algún lugar del ignoto espacio,
cuya ubicación exacta
sólo fue revelada a los pájaros.


© María José Rubiera