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miércoles, 15 de febrero de 2012

La tierra prometida


Es en esas gélidas noches de invierno
en que de improviso el azul oscuro
del cielo se cubre de nubarrones negros
y en el ambiente se aprecia el olor
que precede a los rayos y truenos.
Es en esas desapacibles noches
en que arrecia la tormenta –tú duermes,
en tanto que yo permanezco en vela–
cuando busco refugio en tus brazos.
Y me arropas y me besas en la frente,
y me dices, con voz soñolienta:
"No tengas miedo... Duérmete, pequeña".

Y casi al instante me quedo dormida,
y sueño que eres marinero
y navegamos por alta mar
a bordo de un precioso velero.
De repente, debido a la incoherencia
que caracteriza a los sueños, cambia
la escena, y nos hallamos en una isla
de finas arenas iridiscentes.
Y al pronto sé que es la tierra prometida
en que el amor habita desde siempre,
el edén en que se forjan las caricias,
el paraíso en que la ilusión no perece.

© María José Rubiera