Buscar en este blog

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El drama de cada día

Los sonidos del silencio
se extienden por la ciudad,
tan sólo de cuando en cuando
se escucha un bebé llorar
o un vehículo rodando,
la pausada levedad
de unos pasos transitando
y algún que otro can ladrar
y las hojas revoloteando.
De los arbustos, el cimbreo:
impelidos a danzar
al compás que marca el viento.

Se han acallado las risas
y el contento y el festejo
y los llantos y las riñas,
los enojos e improperios.
Callada está la ciudad,
aparenta estar dormida
pero no es sino apariencia,
mero espejismo nocturno:
sólo finge descansar
del acontecer diurno.
El drama de cada hogar
prosigue al llegar la noche,
jamás se permite tregua,
jamás duermen las pasiones.



© María José Rubiera