miércoles, 7 de septiembre de 2011

No estés triste, amor mío

No estés triste, amor mío:
Rimaré para ti los versos más preciosos
que imaginar pudieras,
aunque para ello me fuere preciso
seducir a las musas que pululan por el aire
y ponerlas a mi servicio.

No te atribules, amor mío:
Te regalaré besos de todos los colores,
amén de dulces caricias.
Te regalaré el Sol, la Luna y los luceros...
Te regalaré toda mi energía
para que tu corazón brinque de dicha.

No te acongojes, amor mío:
Insuflaré en tu alma el soplo de mi amor
hasta conseguir que se estremezca de gozo...
Piensa en mí, en lo mucho que te adoro.
¿No ves que nada ni nadie logrará separarnos?
¡Nadie, ni la muerte tan siquiera!

Alégrate, amor mío:
¿Sabes? Presiento que en algún universo lejano,
más allá de las conocidas estrellas,
existe un espacio reservado para nosotros,
un lugar donde podremos continuar amándonos,
un mundo donde el tiempo y la distancia no cuentan.

© María José Rubiera