lunes, 19 de septiembre de 2011

Avatar

Aquella noche estrellada
en que a lo lejos sonaba
el llanto de una guitarra,
me preguntaste: "¿Me amas?"
Y no afirmé ni negué:
me limité a permanecer callada,
pues me asaltaba el temor
de hacerte saber que te amaba.

En este avatar huidizo
que lleva por nombre Vida,
que es capítulo inconcluso
por agotarse la tinta,
tendemos al disimulo,
a encubrir los sentimientos:
alfaguara de emociones
que anega los corazones.

Eludimos la presencia
del sagaz interlocutor
temiendo que, con su agudeza,
acceda a nuestro interior
y nos ausculte la conciencia.
No exponemos la mirada
para evitar que en el iris
consigan leernos el alma.

¿Acaso nos sirve de algo
ocultar nuestras pasiones
tras sibilina coraza...?
¿De qué vale tanto celo
si al más mínimo descuido
se ponen de manifiesto
al emerger en cada gesto,
en cada frase expresada?

© María José Rubiera