miércoles, 10 de agosto de 2011

En el Libro del Olvido

Hurgué en lo más recóndito
del cofre de los secretos
donde yace la memoria,
y al pronto reapareció tu imagen
tan nítida como agua cristalina,
recordándome aquel pretérito
en que nos amábamos
hasta extenuar el aliento.

Y me asaltó un pensamiento...
Más bien fue un presentimiento
evanescente cual estrella fugaz,
aunque no por ello menos certero.
En aquel preciso instante
te sucedía exactamente lo mismo:
me evocabas en tu recuerdo,
retrocediendo en el tiempo.

La época en que pusiste a prueba mi amor.
Al Amor..., que es como un niño:
evasivo, caprichoso,
arrollador, impetuoso
cual torrente caudaloso.
Luego..., ocurrió lo previsto:
pasamos a ser un escrito
en el Libro del Olvido.

© María José Rubiera