viernes, 4 de marzo de 2011

Soneto al alma

Cuantiosos son los secretos del alma,
ignotos, cuales luceros celestes,
herméticos, cuales bosques agrestes,
insondables, cuales lagos en calma.

Aquel que osara violar el santuario
deberá prosternarse ante la Diosa:
sobre peana de azabache reposa,
custodiando un sagrado relicario.

Deberá rezar con recogimiento,
con fe..., elevando la mirada al cielo,
silenciando el flujo del pensamiento.

El alma, en el crisol del sufrimiento,
amalgamará aire, tierra, fuego, hielo,
desvelando el secreto de su aliento.

© María José Rubiera