jueves, 3 de marzo de 2011

En el mismo instante...

Me enamoré de ti...;
¡yo, la sempiterna escéptica!,
la que siempre pensaba
que amar era someterse...,
que amar era prestarse a sucumbir.

No andaba descaminada, no obstante,
pues justo en el mismo instante
que te conocí..., que comencé a amarte,
también comencé a sufrir.

Lucho contra este amor que me devora,
pienso en alejarme de ti..., hora tras hora;
pero es tal el magnetismo que desprendes,
tan subyugador el hechizo que ejerces...

De mi ser, desearía desalojarte,
mas mi alma se niega a dejar de amarte.

© María José Rubiera