miércoles, 30 de marzo de 2011

Salvo...

Salvo tu amor y mi amor,
salvo besos especiados
con canela y albahaca,
qué puede importarnos nada.

Salvo cuando me confirma
tu ensoñadora mirada
que sigo siendo tu amada,
ya nada tiene importancia.

Oh, mi dulce paladín...,
del que estoy enamorada,
ya nada tiene importancia
excepto tu alma y mi alma.

Ya nada tiene importancia
salvo amarnos y adorarnos
ahora... y hasta la eternidad,
burlando tiempo y distancia.

© María José Rubiera