martes, 4 de enero de 2011


En tu mirada se alberga la tristeza,
tal vez porque te embarga la certeza
de haber desdeñado el amor que soñabas,
el amor que en tu fuero interno habitaba;
o quizá sea debida a desconsuelo,
pues tus labios hablan de amor frustrado,
tal vez por ser amor prohibido, vetado;
también relatan amor desvanecido
en la amarga indiferencia del olvido;
de tus ojos aún fluye el llanto
que has derramado en un reciente pasado;
en tu frente se aprecia, marcada a fuego,
la huella de un sacrificio doliente,
el sufrimiento que continúa activo,
la angustia dominante, permanente;
en tus manos permanece, impreso,
el velado roce de una caricia
que acompaña a la plenitud del beso.

© María José Rubiera