lunes, 3 de enero de 2011

Selene

Se escucha el murmullo del oleaje en calma;
sosegadas, las olas lamen la bahía,
ajenas a las pasiones del alma,
ajenas a la invernal melancolía.
Selene, luciendo su atavío de gala,
comienza a mostrarse en el firmamento;
acudiendo fiel a su cita diaria,
logra aprehender el efímero momento.
Altanera, recrea su faz sobre el agua;
coqueta, despojándose de la enagua,
copula con el líquido elemento,
tornando a su favor el aura del viento.
Seduce al piélago con su belleza,
rindiéndolo ante su porte de alteza;
apurando la brevedad nocturna,
se prodigan amor el Mar y la Luna.

© María José Rubiera