jueves, 9 de diciembre de 2010

Jamás me verás llorar

Jamás me verás llorar,
no te lo haré manifiesto,
no sabrás de mi pesar;
si lloro, lo haré en secreto.
Envuelta en la oscuridad,
auxiliándome en mi credo,
sola con mi soledad,
gemiré quedo, muy quedo.
Cuando el Lucero se muestre
en el magno firmamento,
me anunciará el momento
en que he de fingirme alegre.
Cuando la Aurora se anuncie,
pintaré la faz risueña,
impediré que me acucie
el ansia de ser mi dueña.
Nunca me verás llorar, 
no he de hacértelo patente; 
para evitarte gozar, 
no lo mostraré evidente.
 © María José Rubiera