lunes, 13 de diciembre de 2010

Eros

Eros, de intrigas gran hacedor,
manipula a su antojo;
hila, sin atisbo de sonrojo,
la frágil trama del amor.
Caprichoso, cual un niño, 
subyuga el alma ardiente; 
se inmiscuye en el destino 
con subterfugio silente. 
Artesano, gurú, mentor, guía, 
 artimaña que embelesa; 
a quien por amada porfía, 
atribula y enajena. 
Cultiva, sin compasión, 
arrebato y desencuentro; 
dulzura, enredo, pasión, 
dicha, dolor y lamento.

© María José Rubiera