domingo, 14 de noviembre de 2010

A la nana nanita...

A la nana nanita, nanita nana...
Duérmete, mi cariño, mi querubín;
si te duermes, pronto llegará mañana,
el ruiseñor trinará en la ventana
y su gorjeo mecerá tu balancín.
A la nana nanita, nanita nana...
Duérmete, mi dulzura, mi bien preciado,
papá y mamá velarán junto a tu cama,
 en tu ángel custodio estarás amparado;
si te duermes, él será guardián de tu alma.
Y en tu andadura por la vida, aún lejana,
te guiará por la vereda del honor,
erradicará los cardos, la maraña,
y te enseñará el cultivo del amor;
de tu camino apartará los guijarros
para que no entorpezcan tu caminar,
 en su lugar sembrará jazmín y nardos; 
y para hacerte más liviano el transitar:
violetas, azucenas, verbena y narcisos; 
magnolias, rododendros y tamariscos. 
 A la nana nanita, nanita nana...
Si te duermes, pronto llegará mañana.

© María José Rubiera