miércoles, 15 de febrero de 2017

Narciso y el Amor

Llegada esta época del año
–las postrimerías de febrero–
en que debilitado el invierno
consiente en que la primavera
se preludie en forma de narcisos,
se me viene a la memoria
–por asociación de ideas–
aquel desdichado efebo
que enamorado de sí mismo
no hallaba paz ni sosiego.
Pero en cada mito transmitido,
¿ cuánto hay de ficticio y cuánto de cierto...?
Acuciada por el tema,
tendida la pasarela
entre el hogaño y el antaño
la recorro tramo a tramo,
sin dejar de preguntarme:
¿Narciso es a su reflejo
lo que el reflejo al amor...?
¿Los presuntos enamorados
precisan en todo instante
de una fuente cristalina
donde poder reflejarse...?
De ser ciertas mis elucubraciones,
¿ qué es el amor, pues...?
¿Será, acaso, la proyección del Ego
reflejándose en otro ser,
presumiendo –como único objetivo–
actuará a modo de espejo
en que admirarse a sí mismo...?
Habiendo llegado a un callejón sin salida,
considero se me hace imperativo
releer los versos del poeta latino
y, por enésima vez, leer entre líneas...

© María José Rubiera