miércoles, 25 de enero de 2017

Entre los álamos

 
Te vi,
ayer,
en la alameda...
Caminabas cabizbajo,
la luz del atardecer
incidía en tu cabeza,
matizando tus cabellos
con ambarinos reflejos.
Se te veía abatido,
roto –quizá– por dentro,
absorto –tal vez– en la tarea
de dirimir conflictos
con pensamientos complejos,
digiriendo –sospecho– el lance
que conduce al terreno
de lo irreconciliable.
Pensé en echar a correr,
hasta lograr darte alcance,
y fingiendo un fortuito encuentro
decirte que los recuerdos
no son sino esqueletos
de pretéritos perplejos
que soterrados en la mente
apetecen de cuando en cuando
considerarse modernos,
si bien no por ello
–por más que les pese–
dejan de ser pretéritos.
Lo pensé... por un momento
–el firmamento es testigo
de que en absoluto miento–,
pero tu sombra maltrecha
se me fue adelantando
y extraviada tu silueta
entre los álamos hueros...
 
 
te fuiste desdibujando.
 
 
© María José Rubiera