lunes, 24 de marzo de 2014

Gris


Como esa desvaída hora
que cada tarde aparece
y no siendo luz ni sombra
al sol ni a la luna concierne,
que aconteciendo apátrida,
no azulada ni cromada
ni luminosa ni oscura
al tiempo no pertenece,
y sin variar la textura
vaga, imprecisa se muere…
 
Así figuraba ser: acromática,
vulgar, anodina… gris,
no gris marengo ni perla
sino gris a secas:
solo gris…
péndola de columbina
que se pensaba malvís;
pluma con ansia viajera
que aspiraba a ser el sayo
no de pájaro cualquiera:
de vistoso guacamayo.
Que acariciaba la idea
de encumbrarse a lo más alto
y proclamarse penacho
de la cofia de una estrella.


© María José Rubiera