jueves, 22 de noviembre de 2012

Por suerte

Lo rompí, lo rompiste...
¿Lo rompimos los dos,
o no fue sino mero accidente
que se rompiera el amor?
Quizá logremos recomponerlo,
por suerte, no se hizo añicos,
por fortuna, el niño ciego no entiende
de pretéritos indefinidos.
 
Aún estamos a tiempo
de evitar daños colaterales,
el invidente no sabe
movilizar los recuerdos,
ni proyectar fotogramas
de matices obsoletos
y pátinas desgastadas.
Desconoce, por ventura,
que rebobinar la película
no le confiere carácter de estreno,
ni adquiere cualidad de flamante
aquello que se hizo viejo.


© María José Rubiera