domingo, 5 de febrero de 2012

La rosa carmesí


Un insustancial beso en la mejilla,
otro glacial beso en la frente,
una caricia fingida
y una mueca en los labios
con pretensiones de sonrisa.
Un "te quiero..., pero no lo suficiente
para encadenarme a ti de por vida,
para vivir contigo eternamente".
Un adiós en que podía adivinarse
un "hasta nunca, no volverás a verme",

Y sin más, se fue el jardinero,
se marchó sin tan siquiera emitir
un "perdóname" ni un "lo siento".
Y la rosa carmesí,
hasta entonces cultivada con esmero,
 decidió abandonar el jardín:
¿Para qué permanecer,
qué lógica tenía vivir
si ya no gozaba del mimo
de su amado jardinero?
Y sin pensárselo dos veces,
se desprendió de sus pétalos,
y en menos de lo que dura un suspiro
 los desperdigó el viento.

© María José Rubiera