viernes, 13 de enero de 2012

Solos


Tú, él... y por toda compañía el amor.

Me temo no sea el estado perfecto
tener como único amigo  
a ente tan inconstante, tornadizo,
pues si algún día decidiese
irse en pos de otras alcobas,
alojarse en otros lechos,
cobijarse en otros brazos,
ya no seríais tres sino dos:
dos seres solitarios y cansinos
haciéndole frente a la soledad,
a la indiferencia, a la apatía, al hastío...

 Seríais dos gotas de agua
ajenas a la inmensidad salada,
anónimas lágrimas entre el raudal
lacrimal que por las mejillas resbala.
Sólo seríais vulpejas
excluidas de la manada,
 dos lobos esteparios,
seríais tú, él... y la nada.

© María José Rubiera