martes, 3 de enero de 2012

Erato

Te recuerdo, bella Erato,
que lunas ha prometiste
brindarme por siempre ayuda.
Aún resuena en mis oídos
la promesa que me hiciste:
"En cuanto el reloj anuncie
la medianoche, invócame,
y acudiré con premura..."

Pero la noche pasada,
incumpliendo el juramento
que en su momento me hicieras,
me dejaste en la estacada.
Por más que te invoqué, Musa,
no hiciste acto de presencia:
eres harto veleidosa,
me obsequiaste con tu ausencia.

Sé magnánima conmigo,
te ruego no me abandones
a mi suerte, por favor.
 Si mi pluma yace inerte
sobre el papel y mi mano,
indecisa, no la empuña
por falta de inspiración,
¿cómo crear preciosos versos
para deleitar al alma,
cómo rendir pleitesía al amor...?


© María José Rubiera